20 años. Historias

Una abuela desconocida narra su historia de vida. Dolorosa y sucedida de eventos. Su hijo mayor murió trágicamente cuando iba a buscar a su tía para llevarla a conocer a su hermana, hoy, mi madre. Un accidente de tránsito en Michelena (Venezuela) en el año 1959 marcó el rumbo de la historia. 9 fallecidos. Todos calcinados. Un tio de apenas 2 años, una tia abuela con varios hijos, la bisabuela y otros más que no podría precisar. Un regreso a Maracaibo sola con una niña recién nacida en brazos. Vino la locura. Ramón, mi abuelo, se llevó a la niña con su madrina donde pensó estaría mejor, y así fue, sólo que, nunca más dejaron que la niña y su mamá se vieran hasta hoy.

Una lucha de clases. Ellos tenían plata y ella solo quería un ranchito para criar a la niña. Ramón nunca se lo dio y le dejó de regreso a la niña. El desgaste pudo más y se alejó. Irónicamente lo mismo le pasó con otro de sus hijos, se lo quitaron cuando tenía año y medio y no lo recuperó hasta su diez y siete. Ahora ya nos conocemos, conocemos el pasado con un poquito más de precisión y cercanía. Ahora, ella vive en Caracas, donde se refugió con sus otros hijos, los que no le quitaron sus padres por ausentes, ni la vida. Vive en un cerro de Caracas, se mantiene con una pensión gubernamental que cobra a pesar de nunca haber estado inscrita en el Seguro Social. Su único mal de salud: diabetes, aquella que probablemente heredamos.

Conocer el pasado fue un bálsamo. Solo queda presente que se acaba y futuro que sigue mientras hablamos.

Mi mamá y su mamá se reencontraron después de 20 años. Este debió ser el título de la historia pero no me gustan los sensacionalismos.